martes, 19 de octubre de 2010

Es el defecto de amor: tantos deseos le acompañan: preocupación, pena, exceso de elegancia... Ésta no sólo hace daño a los enamorados; cualquiera que llegase a alcanzar está perdido sin remedio; y que no haya nadie en el mundo que no haya tenido que arrepentirse mucho por haber llevado la elegancia más lejos de lo que le permitían sus recursos. Pero el amor lleva además: insomnio, tormento, desvarío, terror y huida, inepcia con tontería, sin contar la ceguera, la irreflexión estúpida, los excesos de todo género, la cólera, la pasión, la malquerencia. Al amor se unen además, la codicia, la violencia, la miseria, las afrentas, el gusto, el demasiado hablar, el hablar demasiado poco. En efecto, ¡cuántas conversaciones impertinentes e inútiles tienen los amantes!

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