Aprendí, con impotencia, que el tiempo nunca regresa y que ni siquiera, el amor, puede cambiar los hechos ya consumados. Entonces comprendí, con resignación, que había una sola opción disponible: lidiar con el dolor. Después de todo: ¿ Qué otra cosa podía recordarme que seguía con vida, salvo ese dolor, que todo lo abarcaba...?
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